Estados Unidos ha expulsado a un diplomático cubano después de que un altercado a gritos en el salón de la Asamblea General de las Naciones Unidas se convirtiera en un empujón, una expulsión rápida que se ha convertido en el último punto de fricción en una relación que se deteriora con rapidez entre Washington y La Habana. El diplomático cubano expulsado era el primer secretario de la misión de Cuba ante la ONU, según el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, y el miércoles ya había abandonado el país en un vuelo a La Habana.
La expulsión, anunciada por Waltz el martes por la noche y confirmada por el Departamento de Estado el miércoles, siguió a una escena caótica en el salón de la Asamblea General el martes, cuando el discurso de Waltz contra el Gobierno cubano llevó a los delegados cubanos a golpear sus mesas, exigir una cuestión de orden y caminar hacia el podio. Lo que empezó como una protesta de procedimiento durante el debate anual sobre el embargo económico de Estados Unidos contra Cuba terminó con acusaciones de agresión, una orden de expulsión firmada por el secretario de Estado, Marco Rubio, y una nueva advertencia de Washington de que no tolerará lo que llama intimidación por parte de los representantes de La Habana en suelo estadounidense.
El enfrentamiento se desarrolló el martes por la tarde, casi una hora después de iniciado el debate anual de la Asamblea General sobre el embargo de Estados Unidos contra Cuba. Waltz subió al podio para hablar contra la resolución sobre el embargo y acusó de inmediato al fallecido líder cubano Fidel Castro de enviar a miles de personas a "campos de concentración". Mientras hablaba, los miembros de la delegación cubana empezaron a golpear sus mesas, y uno hizo un gesto de tiempo muerto mientras otros exigían que el presidente de la sesión respetara las normas de procedimiento que les permitirían responder.
Waltz mostró entonces una imagen de Castro con dos relojes Rolex, que según dijo valían unos 40.000 dólares en dinero actual, y exhibió otra imagen del actual presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, con lo que describió como otro Rolex. El argumento desde el podio era que los líderes de Cuba viven en el lujo mientras los cubanos comunes sufren dificultades, una acusación que provocó protestas más ruidosas desde los asientos cubanos. El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, seguido por otros diplomáticos cubanos, caminó hacia la tribuna donde hablaba Waltz para dirigirse al presidente de la sesión, Khalilur Rahman, de Bangladesh, que estaba sentado detrás del embajador estadounidense.
El vídeo de la escena muestra a Rodríguez Parrilla acercándose al estrado mientras Waltz le ordena no acercarse más. "Esta persona tiene que alejarse de este podio. No me va a intimidar en Estados Unidos como intenta intimidar a los presos políticos", gritó Waltz desde el podio. "¡Soy el representante de Estados Unidos! ¡Retroceda!". Rodríguez Parrilla le respondió a gritos que Waltz era un mentiroso, y se escucharon gritos que llamaban mentiroso a Waltz en todo el salón mientras el presidente de la sesión pedía repetidamente a los delegados que se sentaran.
Un segundo episodio, distinto, tuvo lugar en otro punto del salón. El diplomático estadounidense J.P. Freire estaba filmando el altercado cuando un diplomático cubano se acercó, movió el dedo y apartó el teléfono de Freire. Un vídeo compartido por la cuenta de Waltz en X mostró al diplomático cubano apartando el teléfono, mientras el diplomático decía que quien filmaba estaba violando su espacio personal. Waltz describió después ese momento en términos mucho más duros, al acusar al diplomático cubano de empujar e intentar agredir a un miembro de la delegación estadounidense.
Horas después, Waltz apareció en el programa Hannity de Fox News el martes por la noche y anunció que la respuesta ya estaba decidida. "Justo antes de entrar aquí esta noche, el secretario Rubio firmó la documentación para expulsar al diplomático", dijo Waltz, identificándolo solo por su cargo como primer secretario de la delegación cubana. "Se ha ido. Va a estar en un avión a La Habana en las próximas 24 horas. Si le ponen la mano encima a un estadounidense aquí, en Estados Unidos, el presidente Trump, el secretario Rubio y yo no lo vamos a tolerar. Habrá consecuencias".
Las expulsiones de diplomáticos son una herramienta conocida de la diplomacia, pero las circunstancias aquí son inusuales. Estados Unidos ha ordenado la salida de diplomáticos cubanos del país en varias ocasiones en el pasado, por lo general tras acusaciones de espionaje. Esta vez, la razón declarada no es el espionaje, sino un altercado físico dentro de la cámara más famosa de la ONU, captado en vídeo y debatido en público en cuestión de horas. Esa rapidez —del choque en el salón el martes por la tarde a una orden de expulsión firmada el martes por la noche— refleja hasta qué punto el episodio se insertó en un enfoque estadounidense hacia Cuba ya de por sí confrontativo.
El choque también se produjo en el marco de un ritual que se repite desde hace décadas. Cada año, la Asamblea General debate y vota una resolución que condena el embargo económico de Estados Unidos contra Cuba, y cada año la resolución se aprueba por una amplia mayoría. El miércoles, la Asamblea volvió a condenar el embargo, por 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. Estados Unidos vota contra la resolución, y el discurso de su embajador es tradicionalmente un momento de discusión abierta con la delegación cubana. Este año, esa discusión se salió del guion diplomático habitual y se convirtió en un enfrentamiento cara a cara en el podio.
La relación en general lleva meses empeorando. El Gobierno de Trump ha endurecido la presión económica sobre Cuba mientras busca forzar un cambio en el Gobierno de La Habana, y funcionarios estadounidenses afirman que las duras sanciones han paralizado la economía de la isla, ya en dificultades. En los últimos días, funcionarios del Gobierno también han aumentado su retórica pública sobre una posible intervención estadounidense para derrocar al Gobierno cubano, un cambio de tono que da a cada incidente entre ambos países un filo más agudo.
El presidente Donald Trump ha añadido su propio toque en la campaña electoral. Al hablar ante una multitud en un mitin en el sur de Florida, dijo que Estados Unidos se ocuparía de Cuba "en el camino de regreso desde Irán". "Nos ocuparemos de Cuba en nuestro camino de regreso desde Irán. Haremos una pequeña parada", dijo Trump, repitiendo una afirmación que ha hecho varias veces. "En realidad, lo que vamos a hacer con Cuba es volver desde Irán. Esos hermosos barcos. Pasaremos por Cuba. Haremos que uno de ellos se detenga a unas 50 yardas de la costa. Levantarán las manos, y entonces enviaremos a Marco Rubio para terminar el trabajo".
La expulsión importa porque concentra un enfrentamiento mucho mayor en un solo incidente visible. Por un lado está la posición de Estados Unidos: un diplomático estadounidense fue empujado en suelo estadounidense, dentro de la sede del principal organismo internacional del mundo, y Estados Unidos respondió retirando a la persona responsable en un día. Por el otro está la posición de Cuba: su diplomático fue filmado de cerca sin consentimiento, su espacio personal fue invadido y el vídeo se publicó en línea para dañar su reputación. Ambas versiones coinciden en que ocurrió algo físico alrededor de un teléfono; discrepan con dureza sobre quién fue el agresor y quién la víctima.
Esa discrepancia forma ya parte del registro formal. Más tarde el martes, la Misión de Cuba ante la ONU envió una carta al secretario general en la que expresaba su profunda preocupación por el incidente. En la carta, la misión afirmó que un diplomático estadounidense había invadido el espacio personal del diplomático cubano para filmarlo y había publicado los vídeos en redes sociales con la intención de dañar su reputación. La queja de la misión, y la orden de expulsión de Washington, quedan ahora una junto a otra como versiones oficiales contrapuestas de los mismos minutos en el salón de la Asamblea General.
También hay una cuestión de identidad que los funcionarios estadounidenses han dejado deliberadamente vaga. Waltz identificó al diplomático expulsado solo por su cargo, primer secretario de la delegación cubana, y no lo nombró en público. Algunos informes han identificado al diplomático como Richard Tur de la Concepción, cuyo cargo registrado corresponde al de primer secretario de la Misión Permanente de Cuba ante la ONU, pero esa identificación no ha sido confirmada por funcionarios estadounidenses. La declaración del Departamento de Estado también se refirió solo a "esta persona". Para los lectores, el dato importante es el cargo y la acción —un alto miembro de la misión cubana ante la ONU fue declarado no bienvenido y retirado— más que un nombre que Washington ha optado por no publicar.
Las palabras más duras vinieron del propio Waltz, en televisión, pocas horas después del choque. "Se ha ido. Va a estar en un avión a La Habana en las próximas 24 horas", dijo el martes por la noche. "Si le ponen la mano encima a un estadounidense aquí, en Estados Unidos, el presidente Trump, el secretario Rubio y yo no lo vamos a tolerar. Habrá consecuencias". El miércoles repitió el punto en términos de viaje más directos: el diplomático "estará en un vuelo de regreso a La Habana y fuera de este país hoy".
La declaración formal del Departamento de Estado el miércoles fue igualmente severa con La Habana, aunque se abstuvo de repetir en detalle la acusación de agresión. "Los miembros del incompetente régimen comunista cubano mostraron su verdadera esencia a través de sus tácticas de intimidación y opresión", dijo el portavoz a CNN. "Esas tácticas no funcionarán, ni serán toleradas". La declaración confirmó el resultado —el diplomático se había marchado— sin añadir nuevos detalles sobre el incidente en sí.
Desde el lado cubano, la respuesta pública más detallada hasta ahora es la carta de la misión al secretario general. Su afirmación central invierte el marco estadounidense: fue el diplomático de Estados Unidos quien invadió el espacio personal del diplomático cubano, filmándolo de cerca y publicando el vídeo en línea para dañar su reputación. La misión de Cuba no ha emitido, en la información revisada, una declaración pública separada en la que acepte o rebata la expulsión en sí, y CNN informó de que se había puesto en contacto con la Misión de Cuba ante la ONU para pedir comentarios.
Para los lectores comunes, la expulsión es una ventana a la rapidez con que la diplomacia puede romperse cuando la temperatura política ya es alta. Los diplomáticos discuten en la ONU todos los días; rara vez terminan gritándose en el podio, y más rara vez uno de ellos es expulsado en 24 horas por un incidente de empujones. La rapidez de la respuesta estadounidense indica que Washington no trata esto como una disputa rutinaria de protocolo que deba resolverse en silencio, sino como una prueba de determinación que debe responderse en público.
Para Cuba, lo que está en juego es práctico además de simbólico. Su misión ante la ONU en Nueva York es uno de sus puestos diplomáticos más importantes, y perder a un primer secretario —un rango alto dentro de una misión— trastorna su trabajo en la misma institución donde consigue sus votaciones más abultadas contra el embargo estadounidense. Para Estados Unidos, lo que está en juego va en sentido contrario: cada expulsión reduce los ya escasos canales de contacto con La Habana, en un momento en que Washington insta al mismo tiempo a los cubanos a buscar un cambio y advierte de una posible intervención.
La pregunta inmediata es si La Habana tomará represalias. Las expulsiones en diplomacia suelen invitar a una respuesta espejo, y Cuba podría declarar no bienvenido a un diplomático estadounidense en La Habana o restringir el movimiento y el trabajo de la presencia diplomática estadounidense restante. En la información revisada no se había informado de ningún paso de ese tipo, pero el patrón de expulsiones anteriores entre Estados Unidos y Cuba hace de una medida recíproca una posibilidad realista que vigilar en los próximos días.
Una segunda pregunta es qué ocurre con el propio debate sobre el embargo. La Asamblea General ya ha votado, por 130-17, condenar el embargo, pero la resolución no es vinculante, y Estados Unidos no ha mostrado señal alguna de cambiar su política. La verdadera importancia de la votación es política: mide cuánto del mundo sigue oponiéndose al embargo, y da a La Habana una plataforma anual para defender su caso. La expulsión, en cambio, da a Washington un recordatorio anual de que está dispuesto a actuar de forma unilateral cuando cree que sus diplomáticos han sido amenazados.
Un tercer hilo que vigilar es la campaña pública del Gobierno dirigida a Cuba. El mensaje de Rubio de que "ahora es el momento", el vídeo en español de la CIA sobre el contacto seguro y las palabras de Trump sobre una parada "en el camino de regreso desde Irán" apuntan en la misma dirección: Washington intenta hablar por encima del Gobierno de La Habana directamente a los cubanos, mientras mantiene en reserva la presión militar y económica. Si esa campaña produce deserciones, protestas o simplemente más retórica se verá con más claridad en las próximas semanas, y la expulsión será citada probablemente por ambas partes como prueba de las intenciones de la otra.
El primer secretario de la Misión Permanente de Cuba ante las Naciones Unidas. Los funcionarios estadounidenses lo han identificado solo por su cargo; algunos informes lo han nombrado como Richard Tur de la Concepción, pero Washington no ha confirmado públicamente un nombre.
Durante el debate anual sobre el embargo de Estados Unidos contra Cuba, el discurso del embajador Mike Waltz provocó protestas de la delegación cubana. El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, caminó hacia el podio y ambos se gritaron, y en un episodio aparte un diplomático cubano apartó el teléfono de un diplomático estadounidense que estaba filmando.
Washington afirma que el diplomático cubano empujó e intentó agredir a un diplomático estadounidense. La misión de Cuba afirma que un diplomático estadounidense invadió el espacio personal del diplomático cubano para filmarlo y publicó el vídeo en línea para dañar su reputación.
Sí. El Departamento de Estado confirmó el miércoles que la persona se había marchado, después de que Waltz dijera el martes por la noche que estaría en un avión a La Habana en 24 horas.
El miércoles, la Asamblea General aprobó una resolución que condena el embargo estadounidense contra Cuba por 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. La resolución no es vinculante.
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