La filtración Icepick del DHS ha expuesto los datos de más de 41.000 empleados y contratistas del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en una de las mayores divulgaciones de una plantilla federal publicadas jamás en internet. El archivo, difundido el miércoles 28 de octubre de 2026 por la organización sin ánimo de lucro Distributed Denial of Secrets (DDoSecrets), abarca al propio DHS y a siete agencias componentes, e incluye datos de contacto laboral, cargos, supervisores y más de 55.000 grupos internos de permisos que dibujan el mapa de cómo se organiza y cómo opera el departamento.
Para un departamento que ha dedicado gran parte del segundo mandato de Trump a mantener los nombres y rostros de sus agentes fuera de la vista pública, la magnitud de la divulgación es llamativa. Los registros se actualizaron por última vez el 19 de agosto de 2026, según el análisis de WIRED, y cubren alrededor de una séptima parte de la plantilla del DHS. Según lo publicado hasta ahora, no incluyen direcciones particulares. Pero sí revelan líneas de mando, acceso a programas de vigilancia y operaciones encubiertas, y las herramientas que los agentes de inmigración usan cada día, información que los expertos en seguridad consideran valiosa para quien intente suplantar a empleados, sondear los sistemas del departamento o comprometer investigaciones.
DDoSecrets publicó el archivo, al que llama «Icepick», el miércoles. El grupo dijo que obtuvo los datos de un colectivo hacktivista que se autodenomina Department of Peace, junto con la investigadora y periodista de ciberseguridad maia arson crimew, que creó un sitio web con buscador para los registros. En una nota adjunta a los archivos, el grupo escribió: «Ellos tienen nuestra información, así que es justo que nosotros tengamos la suya».
WIRED y TechCrunch revisaron los datos antes de su publicación. Reuters informó por separado de que el sitio de filtraciones había divulgado datos de decenas de miles de empleados del DHS, incluidos detalles sobre funcionarios que trabajan en ámbitos sensibles como la vigilancia y la inteligencia humana, y de que el DHS no devolvió de inmediato un mensaje en busca de comentario.
Los registros abarcan la sede del DHS y agencias como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la CBP, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) y la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA). El desglose de WIRED sitúa a la CBP en más de la mitad de los archivos —unos 21.000 registros—, seguida de unos 10.000 del ICE, unos 6.200 del USCIS y casi 1.000 vinculados a la CISA, más de la mitad de ellos contratistas. Aproximadamente un tercio de los registros del ICE pertenece a Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), el brazo investigador del ICE.
El archivo incluye también unos 4.400 «asociados», desde desarrolladores de TI y científicos de datos hasta enfermeras y agentes de centros de detención, de los cuales 145 aparecen como «contratista» o «contratista de alto riesgo». Más de 300 registros aluden a cargos de alta dirección, desde la secretaria hasta subsecretarios adjuntos, secretarios adjuntos y jefes de gabinete. La mayoría de los registros nombra además a un supervisor, lo que permite reconstruir las relaciones jerárquicas en todo el departamento.
La filtración no llegó aislada. Reuters la describió como la tercera gran filtración de datos gubernamentales que acapara titulares en el último mes. En septiembre, el grupo de hackers ShinyHunters afirmó haber robado una enorme cantidad de datos del Buró Federal de Investigaciones (FBI), incluidos detalles laborales sensibles e información médica de miles de empleados. La semana pasada, el Departamento de Defensa se enfrentó a una demanda colectiva tras una brecha que expuso datos de millones de militares en activo y retirados.
Dentro del DHS, la divulgación cae en plena discusión sobre anonimato y rendición de cuentas. Desde el inicio del segundo mandato de Trump, el DHS y el gobierno federal han tratado de ocultar los nombres y rostros de sus empleados, y la agencia ha ampliado su definición de «doxing» —un término que suele referirse a publicar la dirección particular y otros datos personales de alguien con fines maliciosos— para incluir la publicación de datos básicos sobre empleados públicos, como sus nombres y cargos.
El gobierno también ha procesado a manifestantes por publicar información sobre agentes del ICE y ha advertido a otros contra hacerlo. En junio, 15 residentes de Minnesota fueron acusados en virtud de leyes sobre acoso y amenazas de violencia, que los fiscales vincularon con su participación en actividades de oposición al ICE. Más de 100 agentes de HSI, incluidos operativos encubiertos, participaron en una operación que incluyó vigilancia generalizada e infiltración en chats de grupo, según reportajes anteriores de WIRED.
Los creadores de Icepick rechazan la etiqueta de doxing. La cofundadora de DDoSecrets, Emma Best, dijo que la herramienta de búsqueda «sustituiría el anonimato por la rendición de cuentas» y daría poder a periodistas, orientaría solicitudes de registros públicos e impulsaría la supervisión del Congreso. Crimew declaró a WIRED: «El DHS, como agencia, carece por completo de rendición de cuentas, pese a que muchas de sus partes son tremendamente impopulares».
La parte más sensible de la filtración Icepick del DHS quizá no sean los nombres, sino los grupos de permisos. Como la mayoría de las grandes organizaciones, el DHS usa grupos de permisos para controlar quién accede a sus sistemas internos, y casi todas las personas nombradas en la filtración tienen acceso al menos a algunos de ellos. En total hay más de 55.000 grupos, y sus nombres se leen como un organigrama del trabajo más sensible del departamento.
En HSI, 39 empleados de más de una docena de oficinas de campo pertenecen a grupos cuyos nombres incluyen «CUC», que según documentos judiciales del gobierno significa «operación encubierta certificada». Otro grupo, aparentemente radicado en el área de operaciones de HSI en St. Paul, Minnesota, alude a «Keyhole», que los documentos judiciales describen como una operación encubierta certificada que financió recientemente la vigilancia encubierta de HSI sobre grupos de protesta de Minneapolis a principios de este año. Otros grupos aluden a un «Programa TechOps del Centro de Interceptación de Comunicaciones (CICTO)», un «Programa de Interceptación del Título III» para escuchas y un «Programa de Interceptación de Sensores Ilícitos (ISIP)».
Los nombres de los grupos también señalan las herramientas. Incluyen la plataforma investigadora Falcon de Palantir y PenLink, que analiza registros telefónicos y redes sociales. Más de 700 cuentas están asociadas a un grupo que al parecer hace referencia a Signal, la aplicación de mensajería cifrada, casi todas de personal de la CBP. Más de 200 cuentas de la CBP pertenecen a un grupo que alude a Mobile Fortify, una aplicación de reconocimiento facial que los agentes de inmigración usan para identificar personas, incluidos supervisores de campo, operadores de equipos de respuesta especial y agentes tácticos y de inteligencia; cerca de la mitad están en Texas, California y Arizona.
Otros grupos aluden a herramientas de inteligencia artificial, como ChatGPT de OpenAI, Gemini de Google y Copilot de Microsoft. Un grupo llamado «Grok.com» incluye a ocho funcionarios de tecnología del DHS, entre ellos el exdirector de información y el exdirector de datos del departamento. Dos grupos, llamados «Executive Leadership» y «AI Access», parecen enumerar a las mismas 13 personas con excepciones al filtro web del DHS, incluida la exsecretaria Kristi Noem y altos asesores.
Los registros también muestran el crecimiento reciente del departamento. Alrededor de 1.300 cuentas de agentes del ICE se han creado desde el 4 de julio de 2025, cuando el presidente Donald Trump firmó la One Big Beautiful Bill Act, que financió la contratación de 10.000 nuevos agentes de Ejecución y Expulsión del ICE antes de finales de 2025. Decenas de cuentas llevan cargos como «Designated Immigration Officer» y «287(g) Officer», que identifican a personal policial local autorizado a desempeñar algunas funciones de inmigración, muchos con oficinas de sheriff de condado y cárceles como lugares de trabajo.
Okta rechazó con firmeza la afirmación de que sus sistemas hubieran sido vulnerados. Una portavoz de Okta declaró a WIRED: «Somos conscientes de este informe. Okta es seguro, y no tenemos pruebas de que nuestros datos o sistemas se hayan visto comprometidos». DDoSecrets, en cambio, afirmó en su comunicado que los datos procedían del sistema de inicio de sesión Okta del DHS, y el Department of Peace dijo que accedió a los perfiles de agentes del DHS a través del servicio de inicio de sesión único.
Los expertos en seguridad advirtieron de que el riesgo va más allá de la vergüenza. Alexander Leslie, experto en seguridad nacional de la empresa de inteligencia de amenazas Recorded Future, declaró a WIRED: «Si es auténtico y actual, es un recurso de inteligencia extraordinariamente valioso para quienes buscan penetrar en el DHS». Y añadió: «Este conjunto de datos se vuelve mucho más valioso cuando se correlaciona con información previamente comprometida, datos comerciales y otras colecciones de inteligencia. Un adversario podría pasar meses explotando estas relaciones para identificar personal vulnerable, desarrollar intentos convincentes de suplantación o comprometer investigaciones en curso».
Los abogados de libertades civiles trazaron una línea clara entre los datos laborales del archivo y la información genuinamente privada. Adam Steinbaugh, abogado senior de la organización sin ánimo de lucro FIRE, dijo sobre los nombres y datos laborales básicos: «Esto es información que estaría en una tarjeta de visita. Eso no es algo que el gobierno pueda criminalizar». Se refería a la visión expansiva del gobierno sobre la ley 18 USC 119, que prohíbe compartir «información personal restringida» sobre agentes federales o sus familias con intención de amenazarlos.
El reportaje de TechCrunch añadió una nota de cautela aplicable a todo el archivo: cotejó los nombres de varios empleados conocidos del DHS con una copia sin conexión de la base de datos, una verificación parcial, no una prueba de que cada fila sea actual o exacta. Reuters, por su parte, informó de que cotejó seis registros y confirmó directamente detalles con tres empleados, según un resumen del trabajo de verificación. Los propios registros se actualizaron por última vez el 19 de agosto, por lo que parte del personal puede haber salido, cambiado de puesto o incorporado desde entonces.
La filtración Icepick del DHS importa por tres razones. Primero, invierte la propia estrategia de secretismo del departamento. Una agencia que ha sostenido que incluso los nombres y cargos de sus agentes deben tratarse como sensibles ha visto publicado en forma buscable el mapa laboral de su plantilla. Eso alimentará la batalla legal y política sobre qué cuenta como doxing, qué cuenta como información pública sobre empleados públicos y si el gobierno puede castigar a quienes la republican.
Segundo, expone detalles operativos más difíciles de revertir que una lista de nombres. Los nombres en clave de operaciones encubiertas, las etiquetas de programas de escuchas, el acceso a herramientas de vigilancia y las líneas de mando no pueden «despublicarse» una vez que circulan. Aunque algunos registros tengan dos meses de antigüedad, adversarios, periodistas y órganos de supervisión pueden ahora cruzarlos con documentos judiciales, filtraciones anteriores y datos comerciales para construir una imagen mucho más completa de cómo funcionan en realidad la vigilancia y la aplicación de la ley del DHS.
Tercero, plantea una pregunta de seguridad directa que el DHS aún no ha respondido públicamente: ¿cómo se extrajo un directorio tan grande de un sistema de inicio de sesión único, y qué ha cambiado desde entonces? Hasta que el DHS confirme la fuente, el alcance y las medidas adoptadas, cualquier otra agencia federal que use sistemas de identidad similares recibirá la misma pregunta. El silencio hasta ahora —el DHS y el Departamento de Justicia no respondieron a WIRED, y el FBI remitió la consulta de WIRED al DHS— deja esa pregunta abierta en el peor momento posible, días antes de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, cuando la aplicación de la ley de inmigración ya es uno de los temas centrales de campaña.
En los próximos días cabe esperar tres frentes. El DHS se verá presionado a confirmar si los datos procedían de su despliegue de Okta, si se han bloqueado sistemas o restablecido credenciales, y si el personal encubierto o las operaciones nombradas en los grupos de permisos corren riesgo. El Congreso, que supervisa al DHS, probablemente pedirá una sesión informativa, y podría pedirse al inspector general del departamento que revise cómo se protegieron los datos de identidad y acceso.
Okta también estará bajo escrutinio. Su declaración —ninguna prueba de un compromiso de sus propios sistemas— no descarta un uso indebido de un despliegue de un cliente, credenciales robadas u otra vía de acceso al directorio del DHS, y podría verse presionada a explicar esa distinción con más detalle.
Por último, es probable que se intensifique la batalla legal sobre la publicación. El gobierno ya ha recurrido a amenazas y procesamientos para disuadir la publicación de información sobre agentes del ICE. DDoSecrets y sus partidarios sostienen que el archivo es una herramienta de rendición de cuentas, no un vertido de doxing. Cómo traten los tribunales y los fiscales esa distinción, y si el DHS intenta que se retire la base de datos buscable, determinará lo que el público pueda saber sobre el departamento mucho después de que se apaguen los titulares de esta semana.
Es un archivo publicado por DDoSecrets el 28 de octubre de 2026 que contiene datos de más de 41.000 empleados y contratistas del Departamento de Seguridad Nacional, además de más de 55.000 grupos internos de permisos, bajo el nombre «Icepick».
DDoSecrets afirma que los datos proceden del sistema de inicio de sesión Okta del DHS, a través de un grupo que se autodenomina Department of Peace y de la investigadora maia arson crimew. Okta dice que no tiene pruebas de que sus datos o sistemas se vieran comprometidos.
Lo publicado hasta ahora describe correos y teléfonos de trabajo, direcciones de oficinas, cargos, supervisores y pertenencia a grupos de permisos. No describe direcciones particulares, y este artículo no reproduce datos personales del archivo filtrado.
Sus nombres aluden a operaciones encubiertas, programas de escuchas e interceptación, herramientas de reconocimiento facial y análisis telefónico, y sistemas de IA, ofreciendo un mapa de las capacidades de vigilancia y aplicación de la ley del DHS.
El DHS y el Departamento de Justicia no respondieron a las peticiones de comentario de WIRED, y el DHS no respondió de inmediato a Reuters y otros medios en el momento de la publicación.
Cobertura relacionada en US News Pulse: la prohibición estadounidense de importaciones de BGI por trabajo forzoso, el ciberataque a la FEC que paralizó las declaraciones de financiación de campaña y la confirmación de Trump de la carta de Vance a Irán.
Fuentes: WIRED vía DNYUZ, Reuters, TechCrunch y Newsbytes, 28-29 de octubre de 2026. Este artículo recoge solo hechos agregados ya publicados y no reproduce datos personales del archivo filtrado.
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