
Cerca de 1.000 soldados de El Salvador han sido enviados a Haití en una serie de despliegues en los últimos días, después de que cuatro salvadoreños miembros de la fuerza respaldada por la ONU en el país desaparecieran, según dijo a Reuters el martes un funcionario de seguridad haitiano. El rápido despliegue, transportado en parte en aviones militares de Estados Unidos, marca una fuerte escalada en una misión que comenzó como un pequeño contingente de apoyo y que ahora corre el riesgo de convertirse en una operación militar centroamericana mucho mayor en suelo haitiano.
Reuters informó el martes 27 de octubre que cerca de 1.000 soldados de El Salvador han sido enviados a Haití en una serie de despliegues durante los últimos días. La cifra provino de un funcionario de seguridad en Haití, no de un anuncio oficial en San Salvador: Bukele no ha dicho cuántos soldados planea enviar, y su oficina no respondió a las solicitudes de comentarios.
El detonante fue una emboscada el 18 de octubre en las afueras de la capital, Puerto Príncipe. Cuatro salvadoreños que servían en la Fuerza de Supresión de Pandillas respaldada por la ONU están desaparecidos desde entonces, tras saltar de un vehículo en llamas durante el ataque. Bukele anunció la semana pasada que su gobierno lanzaría una operación militar para recuperarlos.
Los datos de seguimiento de vuelos revisados por Reuters añaden detalles al puente aéreo. Una aerolínea comercial ecuatoriana, Aeroregional, programó más vuelos directos a Haití el martes, según datos de Flightradar24, aunque normalmente no existen vuelos directos entre ambos países. Aeroregional no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios. Un oficial militar estadounidense confirmó que el Comando Sur de Estados Unidos había proporcionado aviones de transporte militar C-130 para ayudar parcialmente a llevar a las tropas salvadoreñas a Haití.
Haití lleva años sin líderes electos, y su gobierno de transición ha tenido dificultades para conseguir apoyo extranjero contra las pandillas armadas que controlan gran parte de la capital y sus alrededores. La violencia ha desplazado a casi 1,5 millones de personas, y los sucesivos gobiernos de transición han pospuesto las elecciones en medio de la inseguridad.
La Fuerza de Supresión de Pandillas es la misión respaldada por la ONU destinada a ayudar a la policía haitiana a recuperar terreno frente a las pandillas. Un año después del inicio de su mandato, solo ha alcanzado unos 2.000 efectivos, poco más de un tercio de su tamaño previsto, con un impacto limitado en la seguridad, según los informes sobre la fuerza. Antes de la emboscada del 18 de octubre, El Salvador había desplegado al menos 124 efectivos como parte de esa fuerza, según un informe de la ONU.
Bukele dijo después que esos salvadoreños anteriores eran pilotos y técnicos enviados para evacuar a soldados heridos, no para combatir. El nuevo contingente es diferente en escala: unos 1.000 soldados multiplicarían varias veces la presencia de El Salvador en Haití, y su estructura de mando y su duración siguen sin definirse públicamente.
El gobierno haitiano también ha contratado a una empresa militar privada dirigida por Erik Prince, fundador de Blackwater y aliado del presidente estadounidense Donald Trump, que lleva a cabo operaciones con drones contra las pandillas desde 2025 mientras el país esperaba más despliegues para la Fuerza de Supresión de Pandillas.
Las tropas de El Salvador en Haití representan ahora uno de los compromisos más grandes de un solo país con la atribulada misión, y el despliegue tiene un peso político que va mucho más allá de sus números. Bukele ha ganado un amplio apoyo en su país gracias a sus políticas de mano dura contra el crimen, que varios otros gobiernos de derecha en América han tratado de imitar, mientras que grupos de derechos humanos afirman que ese enfoque se ha logrado a costa del debido proceso y de cientos de muertes bajo custodia.
Para Bukele, la operación en Haití es también personal y política: la recuperación de cuatro aviadores desaparecidos se ha convertido en una prueba de si su modelo de seguridad puede exportarse. Para Haití, la llegada de un gran contingente salvadoreño curtido en combate podría cambiar el equilibrio en Puerto Príncipe, pero también plantea preguntas sobre soberanía, mando y responsabilidad cuando una fuerza extranjera opera junto a la misión respaldada por la ONU, o al margen de ella.
La República Dominicana, el único país que comparte frontera terrestre con Haití, ya está implicada. El presidente Luis Abinader dijo en una conferencia de prensa el lunes que estaba dispuesto a proporcionar apoyo logístico a los recién llegados salvadoreños, una señal de que la operación cuenta con respaldo regional incluso cuando su cadena de mando formal sigue sin aclararse.
Bukele ha dicho que los cuatro salvadoreños desaparecidos eran técnicos de la fuerza aérea que regresaban a su base desde un mercado, y que cree que están retenidos como rehenes por grupos criminales. Su gobierno ha presentado el nuevo despliegue como una operación de recuperación, no como una guerra nueva.
Ningún líder de pandillas haitiano ha asumido la responsabilidad del ataque del 18 de octubre. Wilson Joseph, líder de la pandilla 400 Mawozo, ha publicado vídeos en los que niega tener como rehenes a los salvadoreños y rechaza cualquier responsabilidad en lo ocurrido.
El presidente dominicano Luis Abinader, hablando el lunes, dijo que estaba dispuesto a proporcionar apoyo logístico a los recién llegados salvadoreños, posicionando a la República Dominicana como socio de apoyo para la operación.
El papel de Estados Unidos, confirmado por un oficial militar a Reuters, es logístico y no de combate: los aviones de transporte C-130 del Comando Sur ayudaron a llevar a parte de las tropas a Haití. Washington no ha descrito públicamente el despliegue salvadoreño como una operación propia, y el Pentágono no ha dicho si está previsto más apoyo de transporte estadounidense.
El despliegue importa por tres razones. Primero, pone a prueba si un refuerzo militar extranjero puede tener éxito donde la Fuerza de Supresión de Pandillas, con pocos efectivos, ha tenido dificultades, en una capital donde las pandillas controlan amplias zonas y 1,5 millones de personas han sido desplazadas. Segundo, profundiza la implicación indirecta de Estados Unidos en la crisis de seguridad de Haití, a través del transporte aéreo del Comando Sur, en un momento en que Washington ya lleva a cabo una campaña letal contra supuestas lanchas de droga en el Caribe y el Pacífico oriental. Tercero, sienta un precedente: si una operación expedicionaria al estilo de Bukele recupera a sus soldados desaparecidos y hace retroceder a las pandillas, otros gobiernos de la región podrían tratar de copiarla, con o sin mandato de la ONU.
Los riesgos son igualmente claros. Un contingente numeroso que opera sin una estructura de mando, un plazo o unas reglas de enfrentamiento anunciados públicamente podría chocar con fuerzas haitianas, con la Fuerza de Supresión de Pandillas o con pandillas rivales, y cualquier víctima civil recaería tanto sobre San Salvador como sobre Puerto Príncipe. El destino de los cuatro desaparecidos sigue siendo el propósito declarado de la operación, y su ausencia continua deja el punto final de la misión sin definir.
Las preguntas inmediatas son prácticas: si llegarán más vuelos salvadoreños en los próximos días, si Bukele anunciará públicamente un límite de tropas y un acuerdo de mando, y si la Fuerza de Supresión de Pandillas absorberá formalmente el nuevo contingente o lo dejará operando en paralelo. El seguimiento de vuelos y las declaraciones oficiales en las próximas 48 horas deberían mostrar si la cifra de 1.000 es el despliegue completo o solo su primera oleada.
En el plano diplomático, la atención se dirigirá a la ONU y a las autoridades de transición de Haití, que deben decidir cómo presentar un gran despliegue bilateral dentro de una misión que se suponía multilateral. El apoyo logístico prometido por la República Dominicana también merece atención, al igual que cualquier ayuda adicional de transporte estadounidense.
Por encima de todo, la búsqueda de los cuatro salvadoreños desaparecidos continúa. Hasta que se les encuentre, o se establezca su destino, la operación no tiene un final natural, y la presión sobre Bukele para mostrar resultados solo crecerá.
Cerca de 1.000 soldados han sido enviados en una serie de despliegues en los últimos días, según un funcionario de seguridad haitiano que habló con Reuters el 27 de octubre. Bukele no ha confirmado públicamente un total.
Cuatro salvadoreños de la Fuerza de Supresión de Pandillas respaldada por la ONU desaparecieron tras una emboscada de pandillas a las afueras de Puerto Príncipe el 18 de octubre. Bukele anunció una operación militar para recuperarlos, afirmando que cree que están retenidos como rehenes.
El Comando Sur de Estados Unidos proporcionó aviones de transporte militar C-130 para ayudar parcialmente a llevar a las tropas salvadoreñas a Haití, según un oficial militar estadounidense. El papel confirmado de Estados Unidos hasta ahora es el transporte, no el combate.
Sigue sin estar claro quién comandará el nuevo contingente y cuánto tiempo operará, según Reuters. No se ha anunciado ningún acuerdo de mando público.
Las pandillas armadas controlan gran parte de Puerto Príncipe y sus alrededores, casi 1,5 millones de personas han sido desplazadas y el país lleva años sin líderes electos. La Fuerza de Supresión de Pandillas respaldada por la ONU solo ha alcanzado unos 2.000 efectivos, poco más de un tercio de su tamaño previsto.
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