
El gobierno de Donald Trump está revisando una solicitud para levantar las sanciones contra el principal fondo estatal de inversión de Rusia, el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF), una institución multimillonaria a la que Estados Unidos llamó en su día el "fondo secreto" del presidente Vladimir Putin. La revisión, revelada por The New York Times el martes 27 de octubre de 2026, supondría uno de los giros más bruscos hasta ahora en la campaña de presión económica de Washington contra Moscú, y se produce en paralelo a un polémico acuerdo para llevar diésel ruso a puertos estadounidenses, a solo seis días de las elecciones intermedias del 3 de noviembre.
No se ha tomado ninguna decisión y el gobierno no ha dicho cuándo podría llegar. Pero el hecho de que la solicitud esté bajo consideración formal en el Departamento del Tesoro, confirmado por un funcionario estadounidense que habló bajo anonimato por la sensibilidad de las conversaciones, muestra hasta qué punto ha cambiado el enfoque de la Casa Blanca hacia Rusia: de castigar a Moscú por su invasión a gran escala de Ucrania a cortejarlo con acuerdos comerciales, con la esperanza de que unos lazos empresariales más estrechos ayuden a poner fin a la guerra.
Ese cambio es ahora la cuestión central de la historia. Quienes lo apoyan dentro del gobierno argumentan que dar a Rusia un interés en el comercio con Estados Unidos podría empujar a Putin hacia un acuerdo. Sus críticos advierten que aliviar las sanciones antes de cualquier acuerdo de paz entregaría a Moscú un premio importante —el acceso restaurado a las finanzas occidentales y nuevas alianzas de inversión— sin conseguir una sola concesión sobre Ucrania.
Según el informe del Times, funcionarios rusos han presionado para que se levanten las sanciones al RDIF como parte de negociaciones más amplias sobre la participación del fondo en el suministro de diésel ruso a Estados Unidos. Un funcionario estadounidense confirmó al periódico que el gobierno está considerando la solicitud de alivio de sanciones del fondo y elogió a su director, Kirill Dmitriev, al describirlo como un "enviado útil" en las conversaciones para poner fin a la guerra en Ucrania.
El mismo funcionario ofreció una versión similar al New York Post: el gobierno estaba revisando la solicitud del fondo para eliminar las sanciones por los procedimientos establecidos y la medida formaba parte de los esfuerzos para "mejorar las relaciones entre EE. UU. y Rusia y ayudar a poner fin a la guerra". El funcionario también elogió a Dmitriev, enviado económico de Putin en Washington, por su papel en las negociaciones.
El momento está ligado directamente al acuerdo del diésel. Trump cerró abruptamente un arreglo con Putin el 9 de octubre para permitir la entrada de diésel ruso en Estados Unidos, suspendiendo las sanciones a esos envíos durante seis meses mediante una licencia general del Tesoro. Desde entonces, el fondo ha ayudado a organizar los primeros envíos: funcionarios rusos dijeron que tres petroleros con diésel ruso partieron hacia EE. UU. este mes, y el viceprimer ministro Aleksandr Novak atribuyó al fondo un "apoyo significativo" al arreglo.
Los detalles de los envíos conocidos esta semana muestran hasta qué punto el comercio ya está avanzado. Un petrolero, el Agioi Fanendes, cargó unas 40.000 toneladas de diésel en el puerto ruso de Primorsk el 22 de octubre, mientras otros buques han señalado como destino Norfolk, en Virginia, y Corpus Christi, en Texas. El Times informó que el diésel se envió antes de que ningún comprador estadounidense hubiera pagado por él, una estructura inusual que ha generado escrutinio por parte de legisladores de ambos partidos.
El Departamento del Tesoro ha dicho que la suspensión de sanciones del 9 de octubre ya permite que las transacciones de diésel sigan adelante, lo que plantea una pregunta evidente: si el combustible ya puede fluir, ¿por qué necesita el RDIF un alivio total de las sanciones? La respuesta, según los analistas, está en lo que la exclusión de la lista desbloquearía más allá de un solo acuerdo de combustible: el acceso restaurado a los mercados financieros occidentales, la capacidad de mover dinero a través de bancos internacionales y la libertad de cerrar alianzas de inversión que hoy están bloqueadas.
El RDIF fue creado en 2011, por orden del entonces presidente Dmitry Medvedev y del entonces primer ministro Vladimir Putin, para atraer inversión extranjera a Rusia. Se presenta como un fondo soberano, un vehículo estatal que invierte en empresas y proyectos, a menudo junto a inversores de otros países, entre ellos de Oriente Medio. Uno de sus proyectos más conocidos fue su papel en el desarrollo de la vacuna rusa Sputnik V contra la Covid-19.
La visión de Washington sobre el fondo cambió de la noche a la mañana con la invasión de Ucrania. El 28 de febrero de 2022, cuatro días después de que las fuerzas rusas lanzaran su asalto a gran escala, el gobierno de Biden impuso sanciones al RDIF y al propio Dmitriev. El Departamento del Tesoro dijo que, "aunque oficialmente es un fondo soberano, el RDIF es ampliamente considerado un fondo secreto del presidente Vladimir Putin y es emblemático de la cleptocracia más amplia de Rusia".
Eric Green, quien supervisaba la política hacia Rusia en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca en aquel momento, dijo al Times que sancionar al fondo fue una prioridad temprana precisamente porque su acceso a los mercados financieros occidentales podría ayudar a Rusia a financiar su guerra. Cortar ese acceso, según esa lógica, no era un gesto simbólico sino práctico: negaba a Moscú un canal para recaudar dinero y proyectar influencia en el extranjero.
Esa lógica se está poniendo a prueba ahora en sentido contrario. El gobierno de Trump ve los acuerdos comerciales con Rusia como una posible vía para mejorar los lazos con Moscú y persuadir a Putin de poner fin a la guerra. Dmitriev se ha convertido en un representante ruso importante en las conversaciones económicas con Washington y ha encontrado una cálida recepción en el entorno de Trump. El enviado especial Steve Witkoff dijo a Putin en una mesa de negociación en San Petersburgo la semana pasada: "Ha sido realmente, realmente bueno tratar con Kirill".
El acuerdo del diésel es el ejemplo más claro de ese enfoque en acción, y también el más polémico. Trump ha argumentado que el diésel ruso ayudará a bajar los precios del combustible para los consumidores estadounidenses, un tema potente a seis días de que los votantes elijan un nuevo Congreso. Pero el acuerdo ha alarmado a legisladores que recuerdan que Estados Unidos prohibió las importaciones de petróleo ruso en 2022 y que el nuevo arreglo reabre en la práctica una puerta que el Congreso creía cerrada. Cartas bipartidistas fechadas el 24 de octubre, difundidas por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, advirtieron a grandes bancos, puertos y distribuidores de combustible que conservaran registros desde el 1 de septiembre y confirmaran antes del 28 de octubre si están involucrados, citando leyes como la Ley de 2022 para Poner Fin a la Importación de Petróleo Ruso.
La revisión del RDIF no es un caso aislado. El Times informó que, en las últimas semanas, los enviados de Trump y Putin también han discutido la venta de una participación en una gran petrolera rusa a un grupo de inversores influyentes, un proyecto de producción de gas natural en Alaska del que varios ejecutivos se retiraron por preocupaciones sobre financiación rusa encubierta, y una propuesta para aumentar las exportaciones de gas ruso a Europa que sorprendió a los gobiernos europeos. En conjunto, esas discusiones sugieren una apertura comercial más amplia hacia Moscú, no un solo envío de combustible.
Conviene ser precisos sobre lo que significaría el "alivio de sanciones" en este caso. El RDIF no está pidiendo una exención para una sola transacción —los envíos de diésel ya tienen una, gracias a la suspensión del 9 de octubre—. Está buscando la exclusión de la lista: la eliminación de la lista de sanciones del Departamento del Tesoro por los procedimientos estándar del departamento. Eso restauraría la capacidad del fondo para operar en el sistema financiero occidental, mantener activos y realizar transacciones con empresas estadounidenses y aliadas sin el riesgo legal que hoy conlleva tratar con él.
Para Rusia, el premio es considerable. El fondo maneja miles de millones de dólares y ha invertido miles de millones más en empresas rusas, a menudo junto a socios extranjeros, ayudando a expandir la influencia global de Rusia. Levantar las sanciones le permitiría reconstruir esas alianzas y recaudar dinero en mercados cerrados para él desde febrero de 2022. Para Estados Unidos, la decisión señalaría un cambio fundamental en el régimen de sanciones construido durante casi cinco años de guerra, un régimen diseñado para mantenerse hasta que hubiera un acuerdo en Ucrania.
Por eso la revisión ha provocado una reacción tan aguda incluso antes de cualquier decisión. Green, el exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional, advirtió que levantar las sanciones enviaría "un mensaje realmente fuerte de que estamos relajando la posición anterior de que no íbamos a relajar las sanciones económicas ni otros costes hasta que hubiera un acuerdo en Ucrania". En otras palabras, el mensaje se leería en Moscú —y en Kiev y en las capitales europeas— como un cambio de estrategia estadounidense, no solo como un ajuste técnico.
El contraargumento del gobierno, según lo describió el funcionario estadounidense anónimo, es que el compromiso comercial es en sí mismo un camino hacia la paz. La teoría es que los acuerdos empresariales pueden mostrar a Rusia los beneficios de unos lazos más estrechos con Estados Unidos, dándole a Putin un incentivo para llegar a un acuerdo que las sanciones por sí solas no han proporcionado. Dmitriev ha defendido públicamente un argumento similar. En una conferencia en Moscú el 16 de octubre, no dijo nada sobre su impulso por el alivio, pero presumió de que el acuerdo del diésel estaba ayudando a convencer a los estadounidenses de que las sanciones son "filosóficamente incorrectas".
Lo que sigue sin saberse es qué, si acaso, ha ofrecido Rusia a cambio de la exclusión de la lista. La información revisada para este artículo no contiene ningún relato de una concesión rusa sobre Ucrania vinculada a la solicitud del RDIF: ningún compromiso de alto el fuego, ninguna oferta territorial, ningún calendario de conversaciones. Esa ausencia es el núcleo de la crítica: primero el alivio, después el acuerdo, sin garantía de que el segundo llegue jamás.
El funcionario estadounidense que confirmó la revisión la presentó como diplomacia, no como concesión. El gobierno está considerando la solicitud del fondo, dijo el funcionario al Times, como parte de los esfuerzos para "mejorar las relaciones entre EE. UU. y Rusia y ayudar a poner fin a la guerra". El funcionario elogió a Dmitriev como un "enviado útil" en las negociaciones para poner fin a la guerra de Rusia contra Ucrania, un lenguaje que contrasta notablemente con la descripción del fondo en la era Biden como símbolo de cleptocracia.
El elogio de Witkoff a Dmitriev fue aún más cálido. "Ha sido realmente, realmente bueno tratar con Kirill", dijo el enviado especial a Putin en la mesa de negociación en San Petersburgo la semana pasada, según el Times. La frase capta la química personal que ha llegado a definir la vía económica de las conversaciones, en la que Dmitriev actúa como enviado económico de Putin en Washington.
El propio Dmitriev se ha pronunciado abiertamente contra el régimen de sanciones. "Las sanciones son, en principio, filosóficamente incorrectas", ha dicho, y en la conferencia de Moscú del 16 de octubre presentó el acuerdo del diésel como prueba de que los estadounidenses empezaban a estar de acuerdo. Su argumento, en esencia, es que el comercio puede sustituir a la presión, y que el RDIF, como vehículo de ese comercio, ya no debería ser tratado como un paria.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy ha rebatido esa lógica. Ha dicho que Estados Unidos podría seguir aliviando las sanciones contra Rusia y ha calificado el acuerdo del diésel como solo un primer paso que no obligará a Putin a poner fin a la guerra. El temor de Kiev es directo: cada apertura comercial reduce el coste económico de continuar la guerra, sin aportar nada que la acorte.
Green, desde el otro lado del debate estadounidense, planteó la advertencia en términos estratégicos. Levantar las sanciones, dijo, enviaría "un mensaje realmente fuerte de que estamos relajando la posición anterior de que no íbamos a relajar las sanciones económicas ni otros costes hasta que hubiera un acuerdo en Ucrania". Para Green, la cuestión no es el fondo en sí, sino el precedente: una vez que las sanciones empiezan a deshacerse sin un acuerdo, la influencia que debían preservar empieza a desaparecer.
Ninguna declaración del Departamento del Tesoro anunciando una decisión, ni ningún comentario público de la Casa Blanca más allá del relato del funcionario anónimo, se había publicado en el momento de redactar este artículo. La revisión, por ahora, sigue siendo exactamente eso: una revisión, con su resultado sin decidir y sus críticos ya movilizados.
La decisión sobre el RDIF importa por tres razones, cada una mayor que el propio fondo. Primero, remodelaría la economía de la guerra en Ucrania. Las sanciones han sido la principal herramienta no militar de Occidente contra Moscú, y el RDIF fue uno de los objetivos más tempranos y simbólicos. Deshacer esa designación antes de un acuerdo de paz diría a los mercados, a los aliados y a Moscú que la campaña de presión es negociable, y que el acceso comercial puede recuperarse mediante la diplomacia en lugar de ganarse con un acuerdo.
Segundo, importa para los consumidores estadounidenses y para la campaña de las intermedias. El diésel ruso se vende como una forma de aliviar los precios del combustible, y los precios del combustible se han convertido en una vulnerabilidad política para los republicanos en medio de la guerra con Irán y de los costes energéticos más amplios. Pero si el diésel llega a través de un fondo acusado de servir al círculo íntimo de Putin, el beneficio político viene con una línea de ataque lista para los demócratas: que el gobierno está enriqueciendo al Kremlin para ganar un argumento electoral sobre el precio de la gasolina.
Tercero, importa para las propias conversaciones de paz. Trump dijo el miércoles 28 de octubre, en la Base Conjunta Andrews, que se organizará "muy pronto" una reunión entre Putin y Zelensky, afirmando que hay "muchos avances" hacia el fin de la guerra, antes de las conversaciones trilaterales previstas en noviembre. Si el alivio de sanciones se concede en la misma ventana que esas conversaciones, Kiev y los aliados europeos lo leerán como una señal sobre dónde están las prioridades de Washington: primero el compromiso, después las condiciones. Si se deniega, se leerá como prueba de que el gobierno aún conserva influencia en reserva. En cualquier caso, el expediente del RDIF ya forma parte de la diplomacia, no está separado de ella.
El siguiente paso inmediato es la propia revisión del Departamento del Tesoro, que según el gobierno avanza por los procedimientos establecidos. No se ha anunciado públicamente ningún plazo, y la información revisada no da una fecha en la que se espere una decisión. Por tanto, los lectores deberían tratar con cautela cualquier afirmación de una exclusión inminente de la lista hasta que el Tesoro actúe o la Casa Blanca lo diga públicamente.
Dos vías paralelas darán forma al contexto. La primera es el comercio del diésel: a los bancos y puertos que recibieron las cartas bipartidistas del 24 de octubre se les pidió confirmar su participación antes del 28 de octubre, y los legisladores han advertido de penas de hasta 20 años por violaciones de la prohibición de importación. Cómo respondan esas instituciones —y si sigue alguna medida de cumplimiento— mostrará si el acuerdo del diésel se trata como una excepción legal y autorizada o como una zona gris.
La segunda vía es la diplomacia de noviembre. Zelensky ha dicho que en noviembre tendrá lugar una reunión trilateral de Kiev, Washington y Moscú para reiniciar las conversaciones de paz estancadas, y el Kremlin ha señalado a los Emiratos Árabes Unidos como sede, con conversaciones a nivel técnico previstas en Abu Dabi en la primera mitad del mes. Cualquier decisión sobre el RDIF tomada antes o durante esas conversaciones se interpretará inevitablemente como parte de la negociación, diga lo que diga el gobierno sobre su carácter separado y procedimental.
Por ahora, la historia se encuentra en un punto de inflexión: un régimen de sanciones construido durante casi cinco años, un acuerdo comercial que ya mueve combustible a través del Atlántico y un proceso de paz que ha producido promesas de una reunión de líderes pero ninguna cumbre confirmada. Que el RDIF sea excluido de la lista, y en qué condiciones, será una de las pruebas más claras y tempranas de hacia dónde se dirige realmente la política de la administración Trump hacia Rusia.
¿Qué es el RDIF? El Fondo Ruso de Inversión Directa es el fondo soberano estatal de Rusia, creado en 2011 para atraer inversión extranjera a empresas y proyectos rusos. Ha invertido miles de millones de dólares, a menudo junto a inversores de Oriente Medio y de otras regiones, y desempeñó un papel en el desarrollo de la vacuna rusa Sputnik V contra la Covid-19.
¿Por qué se sancionó al RDIF? El gobierno de Biden sancionó al fondo el 28 de febrero de 2022, cuatro días después de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. El Departamento del Tesoro lo llamó un "fondo secreto" del presidente Vladimir Putin y un símbolo de la "cleptocracia más amplia de Rusia", argumentando que su acceso a las finanzas occidentales podría ayudar a financiar la guerra.
¿Qué está revisando el gobierno de Trump? El gobierno está revisando la solicitud formal del fondo para el alivio de sanciones —su exclusión de la lista— por los procedimientos establecidos del Departamento del Tesoro, según un funcionario estadounidense citado por The New York Times. El funcionario dijo que la revisión forma parte de los esfuerzos para "mejorar las relaciones entre EE. UU. y Rusia y ayudar a poner fin a la guerra". No se ha anunciado ninguna decisión.
¿Cómo se relaciona esto con el diésel ruso? Funcionarios rusos presionaron por el alivio al RDIF durante las conversaciones sobre el papel del fondo en el envío de diésel ruso a Estados Unidos. Trump suspendió las sanciones al diésel ruso el 9 de octubre y desde entonces tres petroleros han partido hacia puertos de EE. UU., con el fondo reconocido por el viceprimer ministro ruso por brindar un "apoyo significativo" al arreglo.
¿Poner fin a las sanciones terminaría la guerra en Ucrania? No hay pruebas en la información revisada de que la exclusión de la lista esté vinculada a una concesión rusa sobre Ucrania. Los críticos, entre ellos exfuncionarios estadounidenses y el presidente Zelenskyy, advierten que podría aliviar la presión sobre Moscú sin conseguir la paz; el gobierno argumenta que el compromiso comercial podría fomentar un acuerdo. El resultado de las conversaciones trilaterales de noviembre será la primera prueba real de ese argumento.
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