
Un juez federal de Los Ángeles cuestionó con dureza al Departamento de Justicia el martes, cuando este le pidió que impidiera que California contara las papeletas por correo de más de 20.000 votantes registrados a los que señala como probables no ciudadanos, y les dijo a los abogados del gobierno que ya tenían un remedio: la acusación penal. Tras una audiencia de tres horas, el juez de distrito David Carter cerró la sesión sin fallo y prometió decidir el miércoles, a solo seis días de las elecciones intermedias del 3 de noviembre.
La audiencia, celebrada a la 1 p.m. hora del Pacífico en Los Ángeles, fue el capítulo más reciente en el esfuerzo de la administración Trump por ampliar el papel del gobierno federal en las elecciones antes de las intermedias. El Departamento de Justicia presentó su demanda contra California el 15 de octubre y pidió al tribunal que prohibiera a los funcionarios contar cualquier papeleta por correo de los más de 20.000 votantes registrados que señaló como probables no ciudadanos hasta que se confirmara su ciudadanía.
Carter, nombrado juez por el presidente Bill Clinton, mostró escepticismo desde su primera pregunta. "Dame el caso, dame el estado", pidió, buscando un precedente para apartar papeletas de la forma en que lo solicitaba el departamento. El gobierno, representado por Bill Essayli, el principal fiscal federal en Los Ángeles, no respondió con uno.
A medida que avanzaba el argumento, Carter presionó al departamento sobre por qué un tribunal debería intervenir cuando ya existe la vía penal. La ley federal convierte en delito menor que un no ciudadano vote en una elección federal, y Carter apuntó directamente a esa herramienta. "Tienen un remedio, por el amor de Dios. Salgan a acusar", dijo.
Volvió al equilibrio central del caso: el riesgo de detener votos legítimos frente a la posibilidad de atrapar votos ilegales. "Me gustaría que respondieran por qué, al sopesar esos dos intereses, este tribunal causaría la privación del voto de personas que no serían contadas frente a la capacidad de atrapar a esos pocos que son votantes no ciudadanos, como ya han hecho con habilidad", dijo Carter.
Tras tres horas, Carter cerró la audiencia sin conceder ni denegar la orden de restricción temporal. Les dijo a los abogados que emitiría su fallo el miércoles. El abogado del Departamento de Justicia, Bilal Essayli, había pedido un fallo rápido al final de la audiencia del martes y describió la solicitud federal como una petición limitada para garantizar la integridad electoral.
La demanda es una intervención poco común del Departamento de Justicia en el proceso electoral semanas antes de una elección, y llega mientras el Partido Republicano lucha por mantener el control de ambas cámaras del Congreso en unas intermedias reñidas. La Constitución de Estados Unidos asigna la administración de las elecciones a cada estado, aunque el gobierno federal conserva un papel de supervisión, y California ha sostenido en todo momento que sus salvaguardas contra el voto de no ciudadanos son sólidas.
California es el estado más poblado del país y un bastión demócrata, con 52 escaños en la Cámara de Representantes, más que ningún otro estado. El presidente Donald Trump ha convertido a California en un foco de su ofensiva migratoria desde su regreso a la Casa Blanca, acusando al estado de socavar la seguridad pública con sus políticas de "estado santuario" que limitan la cooperación con la aplicación federal de la ley migratoria.
Trump ha insistido repetidamente en que los estados no hacen lo suficiente para detener el voto de no ciudadanos, que según él es generalizado. Sin embargo, múltiples estudios y auditorías estatales han hallado que el voto de no ciudadanos es raro. Esa tensión entre las afirmaciones de la administración y el registro documentado ha recorrido cada etapa del litigio de California.
La audiencia en el tribunal de distrito sigue a un revés previo en apelación para el departamento: un tribunal federal de apelaciones ya se negó a ordenar a California que apartara las mismas 20.000 papeletas. El Departamento de Justicia ha impulsado disputas similares en otros lugares, como pedir al estado de Washington que apartara las papeletas de más de 400 presuntos no ciudadanos y acusar a 48 no ciudadanos de votar ilegalmente en cinco estados. El caso de California, sin embargo, es con diferencia el más grande, y se libra en el estado con más escaños en la Cámara en juego.
Las papeletas de California en cuestión son papeletas por correo, y eso importa por el momento. La votación ya está en curso, con papeletas en manos de los votantes y muchas ya devueltas. La abogada de California, Anne Bellows, argumentó que las afirmaciones del Departamento de Justicia se basaban en "métodos de base de datos misteriosos" y que cumplir con sus exigencias pondría en riesgo privar del voto a votantes legítimos cuya ciudadanía el departamento no ha demostrado que no tengan.
Bellows invocó la advertencia reiterada del Tribunal Supremo contra que los tribunales cambien las reglas electorales cerca de una elección. "El Tribunal Supremo ha reiterado una y otra vez que, cuando una elección está cerca, los tribunales federales no deben interferir para cambiar las reglas bajo las cuales se celebra esa elección", dijo. "Esto se aplica con aún más fuerza cuando la elección ya está en curso".
Ese argumento va al centro del problema del departamento ante Carter. Una orden de restricción temporal es un remedio de emergencia, que solo se concede cuando el solicitante demuestra que probablemente tendrá éxito y que sufrirá un daño irreparable sin ella. Las preguntas de Carter sugirieron que no estaba convencido en ninguno de los dos puntos: ni de que el departamento hubiera demostrado que los votantes señalados son en efecto no ciudadanos, ni de que bloquear sus papeletas fuera el remedio adecuado cuando existe la vía penal para quien vote ilegalmente.
El juez también miró más allá de la solicitud de emergencia. Expresó interés en fijar otra audiencia en varias semanas centrada en testimonios de expertos tanto del Departamento de Justicia como del condado de Los Ángeles, y señaló la fecha de certificación electoral de California, el 3 de diciembre, como el plazo para resolver el asunto. Ese calendario sugiere que, incluso si la solicitud de emergencia fracasa, la demanda subyacente podría continuar mucho después del día de las elecciones.
Los intercambios más agudos de la audiencia vinieron del propio tribunal. La exigencia inicial de Carter, "Dame el caso, dame el estado", marcó el tono, y su frase "Salgan a acusar" resumió su visión de que el departamento pedía a un tribunal que hiciera un trabajo que corresponde a los fiscales. Su pregunta sobre el equilibrio, por qué un tribunal causaría la privación del voto para atrapar a unos pocos votantes ilegales que el gobierno ya ha demostrado que puede procesar, enmarcó el caso en los términos que California ha defendido desde el inicio.
Por California, Bellows argumentó que el caso del departamento se apoya en métodos sospechosos y pondría en riesgo a votantes legítimos. "El Tribunal Supremo ha reiterado una y otra vez que, cuando una elección está cerca, los tribunales federales no deben interferir para cambiar las reglas bajo las cuales se celebra esa elección", dijo, y añadió que el principio se aplica con aún más fuerza cuando la elección ya está en curso.
Por el departamento, Essayli replicó que el gobierno federal había hecho una solicitud limitada para garantizar la integridad electoral, y presionó a Carter para que dictara un fallo rápido. El departamento ha presentado su demanda en California como parte de una ofensiva más amplia por la integridad electoral, que también ha producido impugnaciones de papeletas en Washington y cargos penales contra no ciudadanos acusados de votar en varios estados.
Fuera del tribunal, la audiencia llamó la atención precisamente por lo que Carter no hizo. No concedió la orden de emergencia en el acto, ni tampoco desestimó el caso. Su promesa de un fallo el miércoles mantiene viva la disputa en la última semana de campaña, y ambas partes pueden afirmar que el juez tomó en serio sus argumentos, mientras ninguna tiene aún la orden que desea.
Este caso importa por tres razones. En primer lugar, decidirá si 20.000 californianos ven contadas sus papeletas por correo en una elección en la que el control de la Cámara podría depender de un puñado de escaños. Los 52 escaños de California en la Cámara la convierten en el mayor premio individual de las intermedias, e incluso un pequeño número de papeletas excluidas podría importar en carreras reñidas.
En segundo lugar, pone a prueba los límites de la intervención federal en elecciones estatales. Si un tribunal bloquea papeletas basándose en señales de bases de datos que el estado dice que no son fiables, entregaría a Washington una nueva herramienta poderosa en cada elección futura. Si el tribunal se niega, reforzará el principio de que los estados administran las elecciones y que el remedio federal para el voto ilegal es la acusación penal, no el apartamiento masivo de papeletas.
En tercer lugar, el momento importa tanto como el resultado. Con la votación ya en curso y la certificación prevista para el 3 de diciembre, un fallo tardío, o un caso que se prolongue hasta audiencias con expertos, podría dejar a miles de votantes sin saber si sus papeletas contaron. Esa incertidumbre se ha convertido en un rasgo de este ciclo electoral, a medida que se acumulan demandas federales y respuestas estatales en los últimos días antes del 3 de noviembre.
El paso inmediato es el fallo de Carter, prometido para el miércoles 28 de octubre. Si concede la orden de restricción temporal, los funcionarios de California tendrían que apartar y no tabular las papeletas señaladas hasta que se confirmara la ciudadanía, un desafío logístico con la votación ya en marcha. Si la deniega, las papeletas se contarán con normalidad mientras continúa la demanda subyacente.
Más allá del miércoles, Carter ha planteado una nueva audiencia en varias semanas con testimonios de expertos del Departamento de Justicia y del condado de Los Ángeles. Esa audiencia pondría a prueba las afirmaciones contrapuestas sobre los datos detrás de las 20.000 señales: si los métodos de cruce del departamento identifican de forma fiable a no ciudadanos, o si abarcan a votantes legítimos, como sostiene California.
La fecha de certificación de California, el 3 de diciembre, marca el límite exterior. Sea cual sea la decisión del tribunal sobre la solicitud de emergencia, y cualquiera que sea la prueba de expertos que siga, la disputa debe resolverse para cuando el estado certifique sus resultados. Habrá que vigilar también los acontecimientos paralelos: la solicitud de papeletas de Washington, los casos penales de votación y cualquier apelación de la parte que pierda el miércoles.
No decidió la solicitud de emergencia en la audiencia. Tras tres horas de argumentos el martes 27 de octubre, Carter cerró la sesión sin fallo y dijo que lo emitiría el miércoles 28 de octubre.
Más de 20.000. El Departamento de Justicia pidió al tribunal que prohibiera a California contar las papeletas por correo de esa cantidad de votantes registrados, a los que señala como probables no ciudadanos, hasta que se confirme su ciudadanía.
Se refería al remedio penal existente para el voto ilegal: la ley federal convierte en delito menor que un no ciudadano vote en una elección federal. El punto de Carter era que el departamento puede procesar a quien vote ilegalmente en lugar de pedir a un tribunal que bloquee papeletas por adelantado.
California dice que sus salvaguardas contra el voto de no ciudadanos son sólidas, que las afirmaciones del departamento se basan en "métodos de base de datos misteriosos" y que bloquear las papeletas pondría en riesgo privar del voto a votantes legítimos mientras la elección ya está en curso.
Para la fecha de certificación electoral de California, el 3 de diciembre, según Carter. También ha planteado una nueva audiencia en varias semanas con testimonios de expertos del Departamento de Justicia y del condado de Los Ángeles.
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