
La lucha por el voto de no ciudadanos dio un giro decisivo el jueves 29 de octubre de 2026, cuando un juez federal ordenó al gobierno de Trump nombrar todos los estados que contactó en su campaña contra el supuesto voto de no ciudadanos. El juez principal James Boasberg, del Tribunal de Distrito de Estados Unidos en Washington, D.C., ordenó al gobierno entregar la lista antes del viernes 30 de octubre y anunció que planea fallar el lunes 2 de noviembre, un día antes de las elecciones intermedias del 3 de noviembre.
La orden se dictó en una demanda presentada el 20 de octubre por líderes del Partido Demócrata, entre ellos el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, y el líder de la minoría en la Cámara, Hakeem Jeffries, junto con el Comité de Campaña Senatorial Demócrata, el Comité de Campaña Congresional Demócrata y la Asociación de Gobernadores Demócratas. Los demandantes piden al tribunal que bloquee lo que llaman una presión federal ilegal sobre las listas de votantes, y que impida cualquier intento de eliminar votantes legalmente registrados, de impedir que los estados emitan boletas o de impedir que las autoridades cuenten los votos.
El mismo día, Reuters informó de que el Departamento de Justicia había intensificado su campaña en California con citaciones de un gran jurado federal entregadas la semana pasada a la oficina del Registrador del condado de Los Ángeles, en las que se piden registros sobre cómo detecta el condado el "voto ilegal de extranjeros" y cómo evita que esas boletas se cuenten. Juntos, los dos acontecimientos ponen la campaña nacional del gobierno contra el fraude electoral bajo escrutinio judicial justo cuando la votación anticipada ya está en marcha en todo el país.
En una audiencia en Washington, Boasberg presionó a ambas partes sobre el alcance del caso. Cuestionó si los grupos demócratas tienen legitimación para presentar la demanda y les dijo: "No dudo de que tengan preocupaciones legítimas. La pregunta más difícil para mí es si tienen legitimación para hacerlo". Sin embargo, también impulsó el caso con una rapidez inusual, fijando el viernes como fecha límite para la lista de estados y el lunes como fecha del fallo, lo que mantiene la disputa vigente hasta la víspera de las elecciones.
El juez dijo que el gobierno podría poner fin a la disputa presentando un aviso, y le ordenó entregar la lista que muestre qué funcionarios estatales recibieron cartas del Departamento de Justicia. El juez y los demandantes se centraron en particular en si otros estados además de California y Washington fueron contactados. Las cartas advertían a los funcionarios de un posible enjuiciamiento penal por mantener conscientemente a no ciudadanos en las listas estatales, según la cobertura judicial de la audiencia.
El abogado del Departamento de Justicia, Christian Dibblee, argumentó que las cartas no obligaban a ningún estado a actuar. "Eso depende de ellos. Es su propia decisión", dijo Dibblee. "Solo les notifica una posible violación de la ley federal". El gobierno también sostuvo que la petición demócrata era demasiado amplia y poco clara, y cuestionó la legitimación de los demandantes para demandar sobre cómo gestionan los estados sus propias elecciones.
El abogado de los demandantes, Uzoma Nkwonta, instó al juez a detener la interferencia federal, argumentando que la campaña de presión amenazaba el control estatal de las elecciones y los derechos de los votantes registrados. Entre los demandados figuran el presidente Donald Trump, el Departamento de Justicia y el fiscal general Todd Blanche, así como el Departamento de Seguridad Nacional y su secretario, Markwayne Mullin.
La demanda es el capítulo más reciente de una campaña federal de meses contra el voto de no ciudadanos, un tema que el gobierno de Trump ha convertido en eje de su mensaje previo a las elecciones intermedias. Los estudios han demostrado repetidamente que el voto de no ciudadanos es raro y no tiene impacto en los resultados electorales, pero el gobierno ha intensificado su atención sobre el tema a medida que se acercan las elecciones, mediante demandas, cartas y citaciones a autoridades electorales estatales y locales.
California se ha convertido en el principal campo de batalla. El Departamento de Justicia presentó una demanda civil contra el estado, envió una serie de cartas este mes advirtiendo a las autoridades electorales de que corren el riesgo de exponerse a cargos penales si no verifican la ciudadanía de los votantes y, según Reuters, entregó citaciones de un gran jurado al condado de Los Ángeles la semana pasada. Las citaciones también piden registros relacionados con la respuesta del condado a esas cartas. No quedó claro de inmediato si la oficina de Logan era en sí misma el objetivo de la investigación penal.
El miércoles 28 de octubre, un juez federal de California rechazó la petición del Departamento de Justicia de bloquear temporalmente que el estado contara las boletas por correo de una lista de más de 20.000 votantes que el gobierno señala como probables no ciudadanos. El Departamento de Justicia ha apelado ese fallo y ha pedido al tribunal de apelaciones que decida antes del viernes 30 de octubre. Antes de fallar contra el departamento, el juez de distrito David Carter dijo a los abogados del gobierno en una audiencia el martes que "el tribunal considera que sería prudente que cesaran de inmediato cualesquiera amenazas contra los empleados electorales estatales y de los condados".
Los abogados de California han cuestionado la fiabilidad de los datos migratorios del gobierno de Trump y han argumentado que el gobierno federal no tiene autoridad para intervenir en sus elecciones. Según la Constitución de Estados Unidos, son los estados quienes administran las elecciones, no el gobierno federal, un principio que recorre tanto el caso de California como la nueva demanda en Washington.
La lucha por el voto de no ciudadanos gira ahora en torno a una pregunta engañosamente sencilla: ¿hasta dónde llegó realmente la campaña de presión federal? La demanda demócrata, presentada el 20 de octubre, se construyó en torno a California y Washington, los dos estados donde la acción federal era más visible. La orden de Boasberg obliga al gobierno a decir, en el registro judicial, si otros estados recibieron las mismas cartas y, en caso afirmativo, cuáles.
Esa revelación importa por dos razones. Primero, mostrará si la campaña fue una intervención dirigida a unos pocos estados o un esfuerzo nacional que alcanzó oficinas electorales mucho más allá de los titulares. Segundo, dará forma al fallo del lunes: una campaña limitada y centrada en California es más fácil de defender para el gobierno como aplicación ordinaria de la ley, mientras que una campaña de cartas en muchos estados se parece más a la presión coordinada que describen los demandantes.
Las citaciones de Los Ángeles añaden un matiz más agudo. Hasta ahora, gran parte de la disputa en California ha sido civil: una demanda, cartas de advertencia y una pelea sobre si 20.000 boletas debían apartarse. Las citaciones de un gran jurado apuntan a una investigación penal, y exigen no solo registros de votantes, sino también la propia versión interna del condado sobre cómo detecta el voto ilegal y cómo respondió a las cartas del gobierno. Para las autoridades electorales, esa es una presión de otro tipo, y la respuesta pública de Logan dejó clara la posición del condado.
"En cada paso, el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha adoptado un enfoque de confrontación y adversario", dijo Logan en un comunicado el jueves. "Las autoridades electorales actúan conforme a la ley estatal y federal". Un portavoz del Departamento de Justicia declinó comentar las últimas citaciones, pero dijo que California y el gobierno federal "coinciden en que el voto de no ciudadanos debe abordarse adecuadamente mediante el derecho penal".
Las propias palabras de Boasberg en la audiencia captaron la tensión del caso. No desestimó las preocupaciones demócratas y dijo: "No dudo de que tengan preocupaciones legítimas", pero advirtió de que la legitimación, el derecho legal a presentar el caso, era la pregunta más difícil que los demandantes debían superar. Ese enfoque sugiere que el fallo del lunes podría depender tanto de quién puede demandar como de lo que hizo el gobierno.
La posición del Departamento de Justicia, expuesta por Dibblee, fue que las cartas eran notificaciones, no órdenes. "Eso depende de ellos. Es su propia decisión", dijo sobre los funcionarios estatales. "Solo les notifica una posible violación de la ley federal". Los demandantes, a través de Nkwonta, argumentaron lo contrario: que las cartas, respaldadas por la amenaza de enjuiciamiento penal y por citaciones y demandas en otros lugares, equivalían a una interferencia federal en los procedimientos electorales estatales.
La cifra de McCotter del jueves, 156 inmigrantes acusados de votar o registrarse para votar de forma ilegal, es el número principal del gobierno para la campaña. El departamento dice que ha utilizado citaciones a autoridades electorales estatales y locales para construir esos casos. Los críticos, entre ellos los demandantes demócratas, sostienen que la magnitud de la ofensiva, frente a la rareza demostrada del voto de no ciudadanos, es en sí misma una prueba de que la campaña busca sembrar dudas antes de unas elecciones que decidirán el control del Congreso.
El propio Boasberg no es ajeno a los choques con la Casa Blanca. Nombrado por el presidente demócrata Barack Obama, enfrentó fuertes críticas de Trump y sus aliados el año pasado después de bloquear el uso de la Ley de Enemigos Extranjeros, un fallo que detuvo vuelos de deportación de migrantes venezolanos a El Salvador. Trump y sus aliados pidieron entonces su destitución. El nuevo caso, en cambio, gira en torno a la administración electoral, la legitimación y un calendario acelerado, no a las facultades de aplicación migratoria.
El caso importa porque pone a prueba dónde termina el poder federal sobre las elecciones. La Constitución otorga a los estados el papel principal en la organización de las elecciones, y tanto el juez de California como ahora Boasberg han recibido la petición de vigilar esa frontera. Si Boasberg bloquea la campaña de presión, aunque sea temporalmente, sería el segundo revés judicial a la ofensiva del gobierno contra el fraude electoral en una sola semana. Si concluye que los demandantes carecen de legitimación, la campaña continuaría sin control hasta el día de las elecciones, y la lista de estados sería el único registro público de su alcance.
También importa para la confianza de los votantes. El gobierno sostiene que protege las elecciones frente a votos ilegales; los demócratas argumentan que la propia campaña amenaza la confianza al insinuar, sin un fraude generalizado demostrado, que las listas están llenas de votantes no elegibles. Como las elecciones intermedias decidirán el control de la Cámara y el Senado, y los republicanos mantienen mayorías estrechas en ambas cámaras, 53 escaños en el Senado y 218 en la Cámara, lo que está en juego en ese debate es inusualmente alto.
Por último, el calendario importa. Un fallo el lunes, un día antes de las elecciones, no deja casi margen para apelar ni para que las autoridades electorales se adapten. Decida lo que decida Boasberg, los condados contarán boletas bajo un escrutinio intenso, y la parte perdedora probablemente citará el fallo, o la decisión sobre legitimación, en disputas posteriores a las elecciones. La lista de estados del viernes, en cambio, es un hecho con el que ambas partes tendrán que lidiar antes de que cierren las urnas.
El siguiente paso inmediato es la fecha límite del viernes. El gobierno debe presentar su lista de estados contactados, y los demandantes tendrán la oportunidad de responder antes de que Boasberg falle el lunes. Si la lista muestra contactos más allá de California y Washington, cabe esperar que los demócratas argumenten que la campaña fue más amplia de lo que el gobierno admitió. Si solo muestra esos estados, cabe esperar que el gobierno argumente que el caso es limitado y que los demandantes han exagerado la amenaza.
Por separado, el tribunal de apelaciones de California está evaluando la petición del Departamento de Justicia de un fallo antes del viernes sobre la disputa de las 20.000 boletas, después de que las partes contrarias tuvieran hasta las 9 de la mañana del viernes para responder. Un fallo en ese caso podría cambiar la forma en que los condados de California gestionan las boletas en disputa en los últimos días de votación, o dejar en vigor la orden del juez Carter.
En el condado de Los Ángeles, las autoridades prepararán su respuesta a las citaciones del gran jurado mientras continúan organizando unas elecciones ya en marcha. La declaración de Logan sugiere que el condado defenderá sus procedimientos como legales, pero las propias citaciones seguirán siendo un asunto penal vigente más allá del día de las elecciones. Y en Washington, decida lo que decida Boasberg el lunes, la demanda subyacente sobre la presión federal en las listas de votantes probablemente continuará, con la legitimación y el fondo aún por litigarse por completo.
¿Qué ordenó el juez Boasberg? Ordenó al gobierno de Trump enumerar, antes del viernes 30 de octubre de 2026, todos los estados cuyos funcionarios recibieron cartas del Departamento de Justicia sobre la prevención del voto de no ciudadanos, y dijo que planea fallar el lunes 2 de noviembre sobre la petición demócrata de bloquear la campaña.
¿Quién presentó la demanda? Líderes del Partido Demócrata, entre ellos Chuck Schumer y Hakeem Jeffries, además del Comité de Campaña Senatorial Demócrata, el Comité de Campaña Congresional Demócrata y la Asociación de Gobernadores Demócratas. Se presentó el 20 de octubre en un tribunal federal de Washington, D.C.
¿De qué tratan las citaciones del condado de Los Ángeles? Citaciones de un gran jurado federal entregadas la semana pasada piden registros sobre cómo detecta el condado el "voto ilegal de extranjeros", cómo evita que esas boletas se cuenten y cómo respondió a las cartas del Departamento de Justicia. Aún no está claro si la propia oficina del condado es el objetivo de la investigación.
¿A cuántas personas ha acusado el Departamento de Justicia? El fiscal general adjunto en funciones, Trent McCotter, dijo el jueves que 156 inmigrantes han sido acusados de votar o registrarse para votar de forma ilegal en la ofensiva previa a las elecciones, con citaciones a autoridades electorales utilizadas para construir los casos.
¿Cambia el fallo la forma de contar las boletas? Todavía no. Boasberg aún no ha fallado sobre la petición de bloquear la campaña; su decisión se espera el lunes, el día antes de las elecciones. La disputa separada sobre las boletas de California está ante el tribunal de apelaciones, al que se pidió un fallo antes del viernes.
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