
La Reserva Federal mantuvo estables los tipos de interés el miércoles 28 de octubre de 2026, al dejar su rango de referencia en el 3,75%-4,00% con una votación de 10 a 2, pese a que las últimas cifras de inflación mostraron presiones sobre los precios más intensas de lo que les gustaría a los responsables de la política monetaria. La decisión de tipos de la Fed de octubre de 2026 deja en vigor la subida de un cuarto de punto de septiembre, interrumpe el ciclo de endurecimiento a menos de una semana de las elecciones intermedias del 3 de noviembre y convierte diciembre en el próximo momento probable de decisión, con los operadores apostando todavía por otra subida antes de que acabe el año. El presidente Kevin Warsh debía comparecer ante los periodistas a las 14:30, hora del Este, para explicar por qué un banco central que acababa de subir los tipos optaba por esperar y qué tendría que cambiar para que volviera a actuar.
El Comité Federal de Mercado Abierto anunció su decisión a las 14:00, hora del Este, el miércoles, al final de una reunión de dos días que comenzó el martes 27 de octubre. El resultado coincidió con lo que los mercados esperaban de forma abrumadora: los datos de CME FedWatch daban menos de un 10% de probabilidad a una subida en octubre, y las bolsas subieron ligeramente en la apertura mientras los operadores esperaban el anuncio, con el S&P 500 un 0,2% arriba, el Dow Jones un 0,1% y el Nasdaq un 0,4% en las primeras operaciones. La pausa conserva el rango fijado en la reunión de septiembre, cuando la Fed subió los tipos un cuarto de punto por primera vez desde 2023.
La división dentro del comité es la parte más importante del comunicado. Cook y Hammack querían subir el rango un cuarto de punto de inmediato, en lugar de esperar. Sus votos en contra dejan constancia del argumento de que la inflación, y no el crecimiento, es el peligro apremiante: una inflación al consumo del 3,7% y una inflación de producción del 6,3% están muy por encima del objetivo del 2% de la Fed, y las subidas de los precios de producción suelen trasladarse a los precios al consumo en los meses siguientes. La mayoría, en cambio, optó por la paciencia. En palabras del comité, la inflación sigue elevada y más información ayudará al comité a determinar la orientación adecuada de la política. Ese es el lenguaje de un banco central que gana tiempo para ver si la subida de septiembre ya está haciendo suficiente efecto y si la próxima tanda de datos confirma que la inflación se está ampliando o se está apagando.
A diferencia de otras reuniones, esta no trajo proyecciones económicas actualizadas ni un nuevo gráfico de puntos con las previsiones de tipos de los responsables, de modo que los inversores dispusieron de menos pistas formales de lo habitual sobre hacia dónde espera el comité que vayan los tipos. Eso dio más peso a la rueda de prensa de Warsh, prevista a las 14:30, hora del Este, en la que se esperaba que le preguntaran por el razonamiento del banco central, por las perspectivas de diciembre y por si el momento de la pausa, seis días antes de que los votantes acudan a las urnas, reflejaba algo más allá de la economía.
Para entender la decisión del miércoles conviene repasar el camino que llevó los tipos al 3,75%-4,00%. La Fed subió los tipos 25 puntos básicos en septiembre de 2026, su primer aumento desde 2023, después de que el índice de precios del gasto en consumo personal subyacente, el indicador de inflación preferido de la Fed, subiera un 0,2% en agosto. En esa misma reunión, la Junta de Gobernadores aprobó por unanimidad subir el tipo de interés pagado por las reservas bancarias al 3,90%, con efecto desde el 17 de septiembre. La mayoría de los responsables dijeron en esa reunión de septiembre que probablemente sería necesaria otra subida este año para devolver la inflación hacia el objetivo. La cuestión durante todo el otoño ha sido cuándo, no si.
Los datos desde septiembre han reforzado en su mayoría el argumento de los partidarios de subir. El índice de precios al consumo subió un 3,7% en los 12 meses hasta septiembre, y el índice de precios de producción se disparó un 6,3% en el mismo periodo, señal de que las empresas afrontan costes mucho más altos que podrían seguir trasladándose a los precios de las tiendas durante la temporada navideña. Al mismo tiempo, el mercado laboral se ha enfriado sin desplomarse: los empleadores sumaron unos 29.000 puestos en septiembre, una cifra que decepcionó a los pronosticadores, y el paro subió al 4,2% desde el 4,1% de agosto, mientras que las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo bajaron a 194.000 en la semana que terminó el 17 de octubre, el nivel más bajo desde la semana del 18 de julio. Esa combinación, poca contratación pero también pocos despidos, es lo que los economistas llaman un mercado laboral de baja contratación y bajo despido, y da a la Fed margen para esperar sin temer una crisis inmediata de empleo.
Otras fuerzas han complicado el panorama. La guerra con Irán ha costado al ejército estadounidense al menos 47.100 millones de dólares hasta mediados de octubre, según una nueva estimación del Mando Central de Estados Unidos recogida por varios medios, y el choque energético persistente del conflicto, junto con los efectos remanentes de los aranceles, la fuerte demanda de la industria de la inteligencia artificial y un gasto de los consumidores saludable, son citados por los responsables de la Fed como motores de unos precios más altos. Parte de esa inflación viene de la oferta y es difícil de corregir con los tipos de interés; otra parte, sostienen los responsables, viene de la demanda y está plenamente bajo el control de la Fed. Distinguir ambas es la dificultad central de esta reunión, y por eso el comité quiso otra ronda de datos antes de actuar.
El argumento a favor de la pausa se apoya en tres razones. Primera, la subida de septiembre apenas ha tenido seis semanas para actuar sobre la economía, y los cambios de tipos afectan a las hipotecas, la inversión empresarial y la contratación con retraso; volver a moverse antes de que el primer aumento haya surtido efecto corre el riesgo de endurecer en exceso. Segunda, la Fed no tenía proyecciones nuevas en esta reunión para sostener un segundo movimiento consecutivo, y una pausa mantiene abiertas sus opciones para diciembre, cuando tendrá un panorama más completo. Tercera, los responsables habían señalado paciencia antes de la reunión, y una subida sorpresa habría sacudido a unos mercados que daban menos de un 10% de probabilidad a un aumento.
El argumento a favor de subir ahora, defendido por Cook y Hammack en sus votos en contra, es más sencillo: la inflación no está bajando lo bastante rápido. Una inflación al consumo del 3,7% y una inflación de producción del 6,3%, con la medida subyacente preferida de la Fed que se esperaba que subiera un 0,3% en septiembre tras un 0,2% en agosto, apuntan en la dirección equivocada. El economista jefe para Estados Unidos de JPMorgan Chase, Michael Feroli, citado por CNBC antes de la decisión, sostuvo que Warsh tendría que explicar por qué el comité subió los tipos tras una lectura subyacente de dos décimas en septiembre pero los mantuvo tras una lectura esperada de tres décimas ahora, y advirtió de que una pausa sin explicación a menos de una semana de las elecciones intermedias solo alimentaría la idea de que la política se guiaba por consideraciones distintas del empleo y la inflación. Ese reto recae ahora sobre Warsh en la rueda de prensa, y su respuesta marcará cómo se valora la reunión de diciembre.
La política planea sobre la decisión, lo reconozcan o no los responsables. La asequibilidad se ha convertido en el tema central antes de las elecciones intermedias, con votantes frustrados por los altos precios en las gasolineras y los supermercados, y con los demócratas por delante en algunas encuestas tempranas. El presidente Donald Trump ha defendido que la Fed debería bajar los tipos de interés, y criticó repetidamente al predecesor de Warsh, Jerome Powell, por no recortar con suficiente rapidez. Otra subida también encarecería las hipotecas, los préstamos para automóviles y las tarjetas de crédito, justo cuando los hogares ya se sienten apretados. Los operadores preveían que la Fed esperaría en octubre en parte por temor a parecer politizada tan cerca de unas elecciones, y la decisión del comité no resuelve ese debate.
El comunicado del propio comité fue deliberadamente escueto. La inflación sigue elevada, dijo, y añadió que más información ayudará al comité a determinar la orientación adecuada de la política. Esa única frase resume toda la decisión: los precios son demasiado altos para declarar la victoria, pero los datos aún no son lo bastante claros para justificar una segunda subida consecutiva. Los mercados la interpretaron como una pausa de tono restrictivo, una espera que deja abierta la puerta a diciembre en lugar de una señal de que el endurecimiento ha terminado.
Antes del anuncio, los economistas habían planteado lo que estaba en juego en términos inusualmente directos. La advertencia de Feroli, recogida por CNBC, fue que Warsh tendría que explicar el aparente cambio de enfoque entre septiembre y octubre, y que no hacerlo invitaría a preguntas sobre el momento político. Esa presión refleja una inquietud más amplia: tras una subida en septiembre justificada por una lectura subyacente modesta, una pausa tras una lectura más fuerte parece, a ojos de los críticos, una incoherencia. La rueda de prensa de Warsh no es, por tanto, un trámite. Es el momento en que la Fed debe mostrar sus cálculos, y cualquier pista sobre diciembre, sea restrictiva o acomodaticia, moverá en minutos los rendimientos de los bonos, los tipos hipotecarios y las bolsas.
Los inversores, por su parte, ya se habían formado una opinión sobre el horizonte más largo. Incluso antes del anuncio del miércoles, los futuros daban casi un 75% de probabilidad a al menos otra subida antes de fin de año, y la información posterior a la decisión describía una subida de un cuarto de punto en diciembre como ampliamente esperada. La lógica es directa: la mayoría de los responsables dijeron en septiembre que sería necesaria otra subida este año, la inflación desde entonces ha empeorado en lugar de mejorar, y un movimiento en diciembre permitiría a la Fed actuar después de las elecciones intermedias, cuando la acusación de momento político es más difícil de sostener.
La pausa del miércoles importa sobre todo para tres grupos. Para los hogares, significa que los costes de endeudamiento se mantienen donde están por ahora, pero probablemente no por mucho tiempo: una subida en diciembre encarecería las hipotecas, los préstamos para automóviles y las tarjetas de crédito, justo cuando las familias se acercan a la temporada navideña con los precios de los alimentos y el combustible ya elevados. Para las empresas, significa que el coste del capital sigue alto y que el incentivo para retrasar inversiones persiste, incluso cuando el auge de la inteligencia artificial impulsa un enorme gasto de capital por parte de las mayores empresas tecnológicas. Para la propia Fed, significa que su credibilidad está en juego: tras subir los tipos en septiembre por primera vez en tres años, ahora debe demostrar que puede seguir adelante si la inflación se mantiene alta, sin parecer que se doblega ante presiones políticas en ninguna dirección.
También importa para las elecciones. Los votantes no votan sobre el tipo de los fondos federales, pero sí votan sobre el coste de la vida, y las decisiones de la Fed determinan los precios y los costes de endeudamiento que sienten cada día. Una pausa días antes de las elecciones intermedias evita un titular de subida de tipos en la última semana de campaña, pero también deja al banco central expuesto a la acusación de haber programado su pausa por comodidad política. Si los datos de inflación que se publican el jueves, los ingresos y gastos personales de septiembre, incluido el índice de precios PCE, más la estimación anticipada del PIB del tercer trimestre, ambos de la Oficina de Análisis Económico, salen altos, esa acusación será más difícil de rebatir, y el argumento a favor de diciembre será aún más sólido.
El foco inmediato es la rueda de prensa de Warsh y la reacción de los mercados, seguidos por los datos del jueves. El índice de precios PCE y la estimación del PIB del tercer trimestre, previstos a las 12:30 GMT del 29 de octubre, darán a la Fed su primera lectura sólida sobre si el gasto de los consumidores y la inflación subyacente se están enfriando o acelerando. Unas cifras fuertes reforzarían el argumento de quienes discreparon y elevarían las probabilidades de una subida en diciembre; unas cifras débiles darían la razón a la paciencia de la mayoría y podrían incluso reabrir la conversación sobre una pausa más larga.
Más allá, el calendario está claro. El próximo momento de decisión es diciembre, cuando la Fed publicará proyecciones nuevas y un nuevo gráfico de puntos, que darán a los inversores una lectura formal sobre cuántos responsables esperan más subidas. Alphabet y Microsoft también presentaban resultados en torno al mismo momento que la decisión de la Fed, con Amazon y Apple previstos para el 29 de octubre, de modo que los mercados están juzgando la economía y a las empresas estadounidenses al mismo tiempo. Para los prestatarios, el consejo práctico no cambia: los tipos están en pausa hoy, una subida en diciembre es el escenario base del mercado, y quien planee una hipoteca, un préstamo para automóvil o un saldo importante en tarjeta de crédito no debería dar por sentado que los tipos de hoy seguirán disponibles en Navidad.
Mantuvo su rango de tipos de interés de referencia en el 3,75%-4,00%, sin cambios respecto a septiembre, con una votación de 10 a 2. Las gobernadoras Lisa Cook y Beth Hammack discreparon, al preferir una subida de un cuarto de punto.
La mayoría quiso más información antes de una segunda subida consecutiva, al sostener que la subida de septiembre necesita tiempo para actuar sobre la economía y que los nuevos datos aclararán si la inflación se está ampliando o apagando.
Los inversores lo esperan en gran medida: los futuros del 26 de octubre daban casi un 75% de probabilidad a al menos otra subida antes de fin de año, y la mayoría de los responsables dijeron en septiembre que sería necesaria otra subida este año.
Nada cambia de inmediato, pero una subida en diciembre encarecería los préstamos hipotecarios, los préstamos para automóviles y las tarjetas de crédito, de modo que los tipos de hoy podrían no durar.
Los ingresos y gastos personales de septiembre, incluido el índice de precios PCE, y la estimación anticipada del PIB del tercer trimestre, ambos de la Oficina de Análisis Económico el 29 de octubre, además de las declaraciones de Warsh en su rueda de prensa.
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